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EL PAÍS

Crónica en directo de la muerte de una anciana en Catarroja durante la dana

Salvador Baixauli ha relatado a la jueza que investiga la inundación cómo su suegra falleció tres cuartos de hora antes de que la Generalitat enviara la alerta masiva a móviles

Imagen de una calle de Catarroja (Valencia), el pasado noviembre.

Salvador Baiuxauli asistió a la muerte en directo de su suegra, de 91 años. Sucedió en la zona cero de la dana, Catarroja (Valencia, 30.142 habitantes), donde una tromba de agua desató la mayor catástrofe de la provincia. A las 19.30 horas del 29 de octubre, cuando las rabiosas aguas rebosaban en el barranco del Poyo que atraviesa la localidad, esta víctima mantuvo la última conversación telefónica con la cuidadora de su familiar, Sandra. “Hablamos de que el barranco se había desbordado, de que no se podían sacar los coches. [...] Le pedimos que subiera a mi suegra al primer piso, que allí no iba a llegar el agua”, relata. Después, el pánico, el desconcierto, la impotencia. “Sandra decía: ¡La abuela se ahoga, la abuela se ahoga!”. Y, más tarde, la oscuridad, la destrucción. “Una ola reventó las paredes de la casa. Lo tapó todo. La muerte fue en vivo, en directo”, narra Baixauli con la mirada fija a la entrada de la Ciudad de la Justicia de Valencia.

Como más de un centenar de víctimas, este damnificado ha declarado este viernes como testigo ante la jueza de Catarroja que instruye penalmente la causa de la riada, Nuria Ruiz Tobarra. Y, como decenas de familiares, ha confirmado que su pariente falleció antes de que la Generalitat enviara la alerta masiva a móviles para informar a la población de la magnitud de la tragedia. “Cuando entró la alerta en los teléfonos, pensábamos que era una broma”, ironiza en referencia a la misiva que el Gobierno valenciano remitió a las 20.11 horas de la aciaga jornada.

Sostiene Baixauli que Sandra, la cuidadora que asistía 24 horas a su suegra, no pudo hacer nada por salvar la vida de la anciana. La mujer vivía en una planta baja, una de las muchas que se transformaron en ratoneras junto a los garajes. Y cuando la tromba cruzó la puerta de su vivienda –donde el agua llegó a una altura de 2,20 metros- no hubo margen para escapar de la trampa mortal. “Llamamos 10 minutos después y ya se había ahogado. No pudo subir a la terraza. [...]. Le dijimos a Sandra que, al menos se salvara ella”, recuerda serio.

A Baixauli las horas posteriores a la desgracia le evocan a la serie de horror apocalíptico The Walking Dead. “La congoja era grandísima. No sabíamos dónde ir. Pensábamos que se nos iba a caer la finca”, afirma esta víctima, que también reside en Catarroja, donde la dana segó 25 vidas. A las cinco de la madrugada del día siguiente, entre el desconcierto de decenas de personas vagando desnortadas en silencio por las enfangadas calles, Baixauli cogió una linterna y, con su esposa, entró en el piso de su suegra. Apartaron los muebles y, entre la destrucción y la oscuridad, hallaron su cadáver. “Escuchamos la voz de Sandra. Estoy arriba, nos dijo. Y nos la llevamos a casa”, recuerda. Luego, fueron al cuartel de la Guardia Civil a denunciar. Papeleo, atestado, preguntas,...

A esta víctima, el 29-0 le induce al escalofrío. Asegura que, desde su balcón de su piso de Catarroja, vio cómo morían en directo dos chavales que trataban de salvarse aferrados a una verja del torrente enfurecido. “Mi finca está destrozada, no tengo aparcamiento, ascensor...”. Y admite que la única buena noticia de la jornada fue enterarse de que su madre, que vive en Massanassa (Valencia, 10.345 habitantes), donde la riada dejó 12 muertos, se había salvado.

“El otro problema fue la desinformación”, añade. El pánico empezó a apoderarse de su familia tras descubrir que en municipios como Chiva o Buñol, donde nace el barranco del Poyo, la descarga superaba los 300 litros por metro cuadrado. “Catarroja es el último eslabón de una zona inundable. [...] Hacen falta infraestructuras, la limpieza del barranco”. Y, sobre todo, información. Defiende esta víctima que, si las autoridades hubieran informado de la que se venía encima, habría habido margen de maniobra para salvar a ancianos y personas con movilidad reducida como su suegra.

Hoy, Baixauli solo piensa en recomponer su vida. “En la casa de mi suegra, hemos puesto una marca en la pared. Hasta aquí llegó la riada de 2024″, zanja emocionado.

Una tragedia de 3,7 metros de altura

Por otra parte, el juzgado de Catarroja que investiga la dana ha acogido este viernes la declaración como perito de José Eliseo Pardo, catedrático de Ingeniería Cartográfica y Geodesia de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). El experto ha explicado que el desbordamiento de los barrancos durante la dana provocó que el agua alcanzara una altura de hasta 3,7 metros en algunas poblaciones como Paiporta.

Pardo ha expuesto que el barranco del Poyo, cuyo desbordamiento causó decenas de fallecidos “se podría calificar de riesgo torrencial”. Y ha presentado ante la magistrada un mapa de los calados del agua en la comarca valenciana de L’Horta Sud, zona cero de la catástrofe. El trabajo contempla 6.100 muestras tomadas en poblaciones como Catarroja, Paiporta o Picanya a través de un sistema de mira topográfica y gps. “El barranco de Chiva [también conocido como del Poyo] es el principal desbordador”, ha explicado el catedrático a la jueza, según la declaración a la que ha tenido acceso este periódico.

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